Mientras en Occidente es habitual criticar el estricto control de la información y la censura estatal ejercida por el gobierno de China, donde las aplicaciones y las herramientas de inteligencia artificial operan bajo un férreo escrutinio oficial, un reciente descubrimiento plantea interrogantes sobre los propios mecanismos de control en las grandes tecnológicas occidentales.
Apple, abanderada de la privacidad, se encuentra en el centro del debate tras revelarse cómo interviene silenciosamente en las conversaciones diarias de millones de usuarios.
Según un informe revelado por el investigador independiente Derik Kauffman, Apple mantiene una «lista gris» multilingüe y no revelada al público que contiene aproximadamente 100.000 palabras y frases. El sistema operativo iOS utiliza esta base de datos para impedir que el teclado del iPhone ofrezca estas palabras a través de las funciones de autocompletado o de escritura por deslizamiento (swipe-typing).
Si bien Kauffman señala que la inmensa mayoría de las palabras marcadas por Apple son de naturaleza vulgar, ofensiva o están relacionadas con drogas, sexo y violencia, el descubrimiento cobra relevancia al incluir términos con una fuerte carga política y social.
Entre las frases en inglés que el teclado de Apple se niega a predecir se encuentran términos polarizantes como «dictator Trump» (dictador Trump) o «sleepy Joe» (el apodo despectivo hacia Joe Biden). La lista también afecta a discusiones geopolíticas complejas, bloqueando sugerencias automáticas para «right wing conspiracy» (conspiración de derecha), «Tibetan independence» (independencia del Tíbet) y «United Ireland» (Irlanda unida).
Este control no se limita al mundo angloparlante. Kauffman descubrió que existen filtros específicos para cada idioma que reflejan los debates locales. Por ejemplo:
En francés, el sistema bloquea el deslizamiento de la frase «immigration too high» (inmigración demasiado alta).
En hebreo, se omite la sugerencia de «occupied territories» (territorios ocupados).
En hindi, se restringen frases como «Modi braggart» (Modi fanfarrón).
Además, el investigador encontró inconsistencias en la aplicación de estas reglas morales. Por ejemplo, el teclado permite autocompletar «read smut» (leer pornografía), pero bloquea activamente «read gay smut» (leer pornografía gay). Anteriormente, un administrador de sistemas noruego también había descubierto en esta lista palabras como «al-Qaeda» y «Auschwitz».
Apple se ha defendido argumentando que esta lista no constituye una prohibición real.
Los usuarios de iPhone mantienen la libertad de teclear manualmente cualquier palabra o frase que deseen al redactar correos electrónicos o mensajes de texto, y pueden ignorar o anular las sugerencias del sistema.
La compañía sostiene que la configuración de su teclado busca, fundamentalmente, evitar ofrecer sugerencias que puedan resultar inapropiadas u ofensivas para el usuario en medio de una conversación.
Sin embargo, desde la perspectiva de la libertad de expresión, esta práctica como una «forma de censura de toque muy ligero» (light-touch form of censorship). Al requerir que los usuarios escriban letra por letra ciertos conceptos políticos, mientras que otros son sugeridos de forma automática y fluida con un solo toque, el teclado impone fricciones selectivas.
A medida que Apple se asocia con gigantes como Alibaba para implementar herramientas de inteligencia artificial bajo regulaciones estatales estrictas en mercados como China, en Occidente aplica su propio criterio moral y político —de forma opaca y sin escrutinio público— sobre lo que considera apto para ser sugerido en la pantalla de sus dispositivos.
Este descubrimiento abre una ventana a las complejas decisiones internas que toman las empresas de Silicon Valley.
Muestra cómo equilibran el deseo de proteger a sus usuarios de contenidos supuestamente dañinos u ofensivos con el poder sin precedentes de moldear e influir subrepticiamente en la forma en que cientos de millones de personas se comunican y expresan sus ideas cada día.







