En un nuevo y firme movimiento dentro de la disputa tecnológica global, la administración del presidente estadounidense Donald Trump ordenó la eliminación de todos los productos y servicios de la startup china de inteligencia artificial DeepSeek de los sistemas informáticos de las agencias gubernamentales civiles del país.
La directiva, formalizada a través de una orden emitida por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y firmada por el secretario de la cartera, Markwayne Mullin, también bloquea de forma definitiva la adquisición futura de cualquier tecnología o servicio vinculado a la compañía asiática por parte del sector público federal.
El fantasma de la filtración de datos y la seguridad nacional
La medida restrictiva responde principalmente a crecientes preocupaciones de ciberseguridad. De acuerdo con los considerandos de la orden gubernamental, existe un riesgo latente de que los datos manejados por las agencias del Estado estadounidense puedan ser transferidos o queden expuestos a Pekín, amparándose en las estrictas normativas de seguridad e inteligencia nacionales de la República Popular China.
Si bien la disposición abarca de forma integral a la administración civil, las dependencias del Departamento de Defensa han quedado formalmente excluidas de esta nueva orden general, debido a que ya aplicaban restricciones internas previas impuestas por la Marina y la Agencia de Sistemas de Información de Defensa (DISA), las cuales impedían el uso de herramientas de código abierto o de origen chino en áreas críticas.
Un desafío directo al monopolio y desarrollo de Silicon Valley
La irrupción de DeepSeek en el mercado tecnológico global ha supuesto un auténtico terremoto para los gigantes de Silicon Valley y con el lanzamiento de sus modelos de peso abierto y alta eficiencia, la startup china logró desafiar el paradigma de costos imperante en Occidente, ofreciendo alternativas altamente competitivas y notablemente más asequibles que los modelos privativos de las grandes potencias estadounidenses.
No obstante, el éxito de la firma asiática ha estado rodeado de fuertes tensiones comerciales y denuncias por parte de desarrolladores estadounidenses.
Gigantes de la industria como OpenAI y Anthropic han señalado que modelos como los desarrollados por DeepSeek se habrían beneficiado de técnicas de «destilación», el cual corresponde a un proceso mediante el cual se extraen y aprovechan datos de salidas de sistemas punteros de IA para entrenar modelos rivales, lo que avivó las alertas en Washington.
A nivel legislativo y político, el escrutinio sobre la startup china venía intensificándose tras informes del Congreso que advertían sobre los estrechos vínculos entre empresas tecnológicas del país asiático y su aparato estatal.
Con esta prohibición federal, la Casa Blanca busca frenar la penetración de una tecnología que, a pesar de su atractivo económico, es percibida en Washington como una amenaza directa tanto para la seguridad de la información estatal como para el liderazgo geoestratégico de Estados Unidos en la carrera de la inteligencia artificial.







