Japón y China van por una loca carrera de construcción de más de 200 datacenters para cubrir demanda de IA en Asia Pacífico

 

 

En la carrera global por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), China ha puesto el pie en el acelerador en sus regiones ricas en energía.

El gigante asiático  busca sacar el máximo provecho de su abundante electricidad y su económico suelo en zonas remotas, convirtiéndolas en el epicentro de una vertiginosa expansión de centros de datos.

Según reportes recientes de analistas y medios internacionales, este impulso está dando lugar a enormes centros de computación, como en Mongolia Interior.

Este país, de raíces  agrícolas,  alberga o tiene planificados unos 89 centros de datos. Con una capacidad comprometida de aproximadamente 15 gigavatios (GW), los expertos estiman que se ha convertido en el polo de centros de datos de más rápido crecimiento en toda Asia.

La velocidad de construcción en la zona es sorprendente: los ingenieros locales están reconvirtiendo una antigua escuela secundaria en un centro de datos, de modo que donde antes los estudiantes jugaban en el patio durante los recreos, pronto se alzarán hileras de servidores informáticos.

Utilizando módulos de computación prefabricados conocidos popularmente como «centros de datos Lego» y miles de trabajadores temporales, las instalaciones se levantan a un ritmo sin precedentes.

La ciudad de Ulanqab capitaliza ventajas que escasean cada vez más en mercados occidentales como Estados Unidos, es decir, energía abundante, terrenos baratos, un clima frío ideal para la refrigeración y una gran velocidad de ejecución.

De acuerdo con analistas, es probable que Mongolia Interior posea el «mayor exceso de electricidad local» de cualquier región administrativa del mundo, permitiendo que estos centros paguen menos de la mitad de la tarifa horaria promedio de Pekín.

Sin embargo, el gran interrogante que se cierne sobre la estrategia china es si sus fábricas de semiconductores (fabs) podrán producir suficientes procesadores avanzados para abastecer semejante infraestructura, dadas las restricciones comerciales vigentes en la compra de chips de Nvidia.

Japón y el Sudeste Asiático: El auge del mercado regional

Mientras China expande su capacidad en el interior, otros mercados de la región Asia-Pacífico también experimentan un crecimiento exponencial impulsado por la demanda de cargas de trabajo de IA.

En Japón, el operador de centros de datos a gran escala AirTrunk, adquirido en 2024 por el grupo estadounidense de capital privado Blackstone, planea triplicar su inversión en el país hasta alcanzar los 30.000 millones de dólares en los próximos cinco años.

Según una entrevista exclusiva concedida por su director ejecutivo, Robin Khuda, a Nikkei Asia, la compañía prevé duplicar su capacidad actual en territorio japonés (de 530 megavatios a más de 1 gigavatio), calificando la demanda proyectada de «masiva».

A pesar de que los costos de construcción y financiamiento hacen de Japón un mercado relativamente costoso, la exigencia de los clientes por desplegar capacidades de IA sigue en aumento.

El apetito por la infraestructura digital en Asia-Pacífico no deja de batir récords. La demanda total de centros de datos en la región se situó en 28 GW el año pasado, lo que representa aproximadamente un tercio del total mundial. Las proyecciones de McKinsey & Co. estiman que esta capacidad se triplicará de cara al año 2030.

Además de Japón y los polos chinos, países como Malasia se están consolidando como mercados clave con un dinamismo feroz, transformando radicalmente sus economías locales al ritmo que se expande la infraestructura necesaria para sostener la revolución de la inteligencia artificial.

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