Investigación TransMedia.- Mucho se ha mencionado entre los seguidores de Huawei así como defensores y promotores del software libre, la idea de poder colaborar y ayudar al desarrollo de OpenHarmony.
Para entender en contexto, OpenHarmony es un sistema operativo de código abierto liderado por la fundación china OpenAtom Foundation , lo cual, en palabras simples, es una organización similar a lo que es la Linux Foundation en Occidente.
Para entenderlo de forma sencilla: OpenHarmony es para Huawei lo que el proyecto AOSP (Android Open Source Project) es para Google.
Es la base tecnológica «desnuda» y libre sobre la cual Huawei construye HarmonyOS, su sistema comercial cargado con sus propios servicios estéticos y funcionales (los Huawei Mobile Services o HMS)
A pesar de que su versión más reciente, OpenHarmony 5.0, ha logrado independizarse por completo del código y las aplicaciones de Android, no se ha implementado de forma masiva para usuarios globales.
En China, el ecosistema digital funciona de manera muy distinta: no dependen de Google. WeChat, Alipay y las alternativas locales dominan el mercado.
Sin embargo, para los usuarios globales fuera de China, un sistema operativo sin acceso nativo a los Google Mobile Services (GMS) (YouTube, Google Maps, Gmail, apps bancarias, etc.) o a la infraestructura de notificaciones de Google resulta increíblemente difícil de adoptar.
Sin los incentivos para que los desarrolladores occidentales reprogramen sus apps desde cero para este sistema, la tienda de aplicaciones se queda corta.
Las versiones globales actuales de los dispositivos Huawei usan EMUI (que sigue usando una base Android modificada e ntentar meter una capa de compatibilidad para ejecutar apps de Android dentro del nuevo entorno puro de HarmonyOS consume demasiada memoria RAM (los analistas reportan que exige contenedores muy pesados) y dispara el consumo de batería y el calentamiento del teléfono.
Distribuir esto globalmente arruinaría la experiencia de usuario en mercados exigentes.
Es por ello, que Huawei ha decidido actuar como una especie de «ostra» comercial, concentrándose y blindándose dentro de China.
Allí ya tienen un mercado masivo de cientos de millones de usuarios que les ha permitido incluso superar a iOS en cuota de mercado local. Para la compañía, es mucho más rentable y seguro perfeccionar el sistema internamente antes de arriesgarse a un costoso despliegue internacional que podría chocar con bloqueos geopolíticos y desinterés masivo.
OpenHarmony es un logro técnico impresionante, pero carece del puente de software (aplicaciones populares de Occidente) y de la optimización internacional necesarios para convencer al usuario común fuera de China.
DECEPCIÓN DE LA COMUNIDAD
La decepción en la comunidad de desarrolladores occidentales y plataformas de financiación colectiva (crowdfunding) respecto a la estrategia de software de Huawei se debe principalmente a una promesa de apertura global que terminó convirtiéndose en un ecosistema altamente restrictivo y burocrático.
A nivel internacional, el malestar se divide en varios factores económicos y técnicos, pues cuando Huawei lanzó su ecosistema tras el veto estadounidense, anunció planes multimillonarios (como el programa Shining Star) con fondos masivos para financiar y premiar a los desarrolladores que portaran sus aplicaciones a su plataforma.
Sin embargo, en la práctica, la gran mayoría de estos fondos y campañas de apoyo financiero terminaron redirigiéndose casi exclusivamente a grandes corporaciones chinas y desarrolladores locales que garantizaban volumen inmediato en su mercado interno.
Para que un estudio pequeño de Occidente pudiera acceder a estos incentivos económicos, los requisitos fiscales, legales y de auditoría gubernamental eran tan exhaustivos y costosos que el incentivo no compensaba el gasto de aplicar a él.
Recientemente, los desarrolladores occidentales que gestionan librerías y herramientas esenciales de código abierto (en plataformas como GitHub) expresaron una gran frustración con la estrategia de Huawei para expandir OpenHarmony.
Ingenieros de la compañía comenzaron a abrir cientos de solicitudes y propuestas (Pull Requests) masivas para forzar la compatibilidad de herramientas occidentales existentes con su sistema operativo.
La comunidad internacional criticó duramente que estos intentos se hicieron de manera tosca: subiendo códigos gigantescos sin explicaciones claras, duplicando código sin necesidad y saturando los buzones de soporte de creadores independientes.
Se percibió como un intento de Huawei de delegar el mantenimiento de su propio sistema en la comunidad global de código abierto, sin ofrecer una retribución o soporte técnico recíproco y ordenado.
En las comunidades de código abierto y crowdfunding (donde los usuarios financian proyectos de software libre o sistemas operativos alternativos para móviles como Ubuntu Touch o Sailfish OS), había cierta esperanza de que OpenHarmony fuera un aliado para romper el duopolio Google/Apple.
La decepción llegó al ver que Huawei cerró por completo el control sobre el despliegue comercial HarmonyOS
El software en los teléfonos comerciales ya no es «libre» ni permite la carga externa (sideloading) de código experimental fácilmente.
Para que un proyecto financiado por la comunidad funcione en un dispositivo real, debe pasar obligatoriamente por los servidores de revisión de Huawei (AppGallery Connect), los cuales bloquean cualquier aplicación que no cumpla con las estrictas normativas y licencias estatales del mercado chino (como los registros ISBN).
Esto destruyó el entusiasmo de los entusiastas del software libre en Occidente, quienes se dieron cuenta de que el ecosistema no estaba diseñado para fomentar la innovación independiente global, sino para ser un entorno corporativo rígidamente controlado y optimizado para su propio país.









