Solo un 7% de las empresas logra posicionarse como líder en adopción digital alcanzando un 85% de retorno sobre la inversión

 

 

Una brecha silenciosa —pero cada vez más evidente— está marcando el futuro de las empresas a nivel global. Mientras los trabajadores creen que utilizan cerca de 10 aplicaciones en su jornada laboral, la realidad es muy distinta: las organizaciones operan en promedio con más de 600 herramientas digitales, generando una complejidad que muchas veces pasa desapercibida, pero que impacta directamente en la productividad y en los resultados del negocio.

El dato forma parte del informe State of Digital Adoption 2025, que expone un problema estructural en las compañías: no es la falta de tecnología lo que frena el crecimiento, sino la incapacidad de integrarla de forma efectiva en la operación diaria.

Las cifras son contundentes. Solo un 7% de las empresas logra posicionarse como líder en adopción digital, alcanzando hasta un 85% de retorno sobre la inversión (ROI). En el otro extremo, organizaciones pierden en promedio hasta US$104 millones por ineficiencias en el uso de herramientas tecnológicas, mientras los empleados pueden llegar a desperdiciar 36 días al año debido a fricciones digitales.

A esto se suma una desconexión crítica dentro de las propias compañías. Mientras el 79% de los ejecutivos cree que la adopción tecnológica está funcionando correctamente, solo el 28% de los trabajadores se siente realmente preparado para usar herramientas de inteligencia artificial, lo que evidencia una brecha profunda entre la estrategia y la ejecución.

Para Cristina Fritz, cofundadora de Digital Exp, la raíz del problema no está en la tecnología, sino en cómo se define su rol dentro del negocio.

“Lo primero que debe hacer una empresa no es elegir herramientas, sino definir su estrategia de negocio. A partir de ahí se construye la tecnología. Cuando ese orden se invierte, aparecen los problemas de adopción y pérdida de valor”, explica.

La especialista advierte que muchas organizaciones cometen el mismo error: implementar soluciones tecnológicas sin una hoja de ruta clara. “Se compran plataformas, se implementan sistemas, pero no existe una conexión real con los objetivos comerciales. Ahí es donde la inversión deja de generar impacto”, sostiene.

¿Cómo se soluciona esta desconexión?

Según Fritz, aquí es donde entra el rol del enfoque de enterprise technology, un modelo que busca integrar tecnología, negocio y personas bajo una misma estrategia.

“Una enterprise technology parte desde el negocio. Primero se define hacia dónde quiere crecer la empresa, cuáles son sus objetivos comerciales y su propuesta de valor. Luego, recién ahí, se estructura la tecnología para soportar y acelerar ese crecimiento”, explica.

Este enfoque permite traducir la estrategia comercial en soluciones tecnológicas concretas, alineando áreas que históricamente han operado de forma separada. En la práctica, implica diseñar un ecosistema digital que responda directamente a ventas, eficiencia operativa y experiencia de cliente.

“Lo que hacemos es ordenar. Pasamos de un escenario caótico, con cientos de herramientas desconectadas, a uno donde cada tecnología cumple un rol claro dentro del negocio”, agrega Fritz.

Además, el modelo pone foco en uno de los puntos más críticos del estudio: la adopción. “La tecnología sin uso no genera valor. El verdadero desafío hoy es lograr que las personas integren estas herramientas en su trabajo diario y que eso se traduzca en resultados medibles”, enfatiza.

El informe también muestra que la adopción de inteligencia artificial sigue avanzando, pero con una brecha significativa entre inversión y uso real. En ese contexto, la alineación entre tecnología y negocio se vuelve clave para capturar valor.

“Las empresas que están logrando resultados no son las que más invierten, sino las que tienen claridad estratégica. Cuando tecnología y área comercial trabajan en conjunto desde el inicio, el impacto es inmediato”, concluye Fritz.

El desafío, advierten los expertos, ya no es digitalizarse, sino hacerlo bien. Y en un escenario donde la eficiencia y la velocidad definen la competitividad, la desconexión interna puede convertirse en el principal freno al crecimiento.

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