Investigación TransMedia.- La ambición del CEO de OpenAI, Sam Altman por emancipar su empresa de la dependencia de las tiendas de aplicaciones de Apple y Google ha encontrado su realidad más fría.
Si bien, OpenAI adquirió formalmente por más de US$6,000 millones la startup de hardware io Products —co-fundada por el legendario diseñador de Apple, Jony Ive—, el camino para fabricar un dispositivo físico capaz de competir con el iPhone está resultando ser una pesadilla logística y financiera.
Tras perder una batalla por el nombre debido a una demanda de marca registrada con la startup de audio iyO, OpenAI no solo tuvo que abandonar la marca «io», sino que documentos judiciales revelados a principios de este año confirmaron que el lanzamiento del dispositivo se ha retrasado oficialmente hasta finales de febrero de 2027.
Más allá de los tribunales, los verdaderos dolores de cabeza de la compañía liderada por Altman provienen de dos frentes silenciosos pero implacables: sus proveedores y sus inversionistas.
EL ESCENARIO EN CIERNES
Para construir un dispositivo revolucionario (un aparato sin pantalla, guiado por voz, cámaras contextuales y procesadores Qualcomm), OpenAI necesita aliados de manufactura como Foxconn y TSMC.
Sin embargo, la cadena de suministro global mira el proyecto con extrema cautela.
Los proveedores no han olvidado los estrepitosos fracasos recientes de dispositivos como el Humane AI Pin (creado por ex-empleados de Apple) o el Rabbit R1. Ambas empresas prometieron «matar al smartphone» y terminaron acumulando devoluciones masivas y críticas por sobrecalentamiento y baterías deficientes.
Gigantes de la manufactura priorizan a Apple o Samsung porque aseguran contratos de cientos de millones de unidades al año. Aunque OpenAI aspire a vender millones de dispositivos, los fabricantes exigen garantías de pago colosales por adelantado para reconfigurar sus líneas de producción para un producto completamente experimental y sin pantalla.
OpenAI es una de las empresas de software de IA más valiosas del mundo, pero el negocio de fabricar hardware requiere de un flujo de caja radicalmente distinto.
El software de OpenAI (como ChatGPT Plus) goza de márgenes de ganancia extremadamente altos. El hardware, en cambio, devasta el flujo de caja debido al costo de los materiales, almacenamiento, distribución y soporte técnico.
Lejos del aura de «empresa intocable», los números internos de OpenAI revelan que la compañía está operando bajo un modelo financiero que muchos analistas consideran insostenible a mediano plazo.
De hecho, los periodistas y analistas financieros ya no se preguntan si OpenAI perderá dinero, sino cuánto tiempo más podrá sobrevivir sin ser absorbida o verse obligada a declararse en quiebra.
La preocupante radiografía financiera de OpenAI es dramática pues esta siendo señalada como la «máquina de quemar dinero» más rápida de la historia y los documentos financieros auditados revelan un desbalance asombroso entre lo que OpenAI ingresa y lo que gasta para mantenerse a flote.
En 2025, a pesar de lograr una facturación récord de $13,070 millones de dólares, OpenAI registró una pérdida neta de $38,530 millones.
Para ponerlo en perspectiva, la compañía gasta aproximadamente $1.69 dólares por cada dólar que le ingresa. Su principal gasto es el cómputo y el entrenamiento de modelos, que se proyecta que escale a cifras absurdas en los próximos años.
Se calcula que OpenAI acumulará un gasto/pérdida de caja acumulado de más de US$115 mil millones de aquí a 2029 antes de ver su primer año con ganancias reales.
Analistas financieros de firmas como HSBC y diversas publicaciones especializadas estiman que, al ritmo actual de gasto y si el mercado de capitales se enfría, OpenAI podría quedarse completamente sin efectivo a mediados de 2027.
Para evitar esto, Sam Altman se ve obligado a realizar rondas de financiación casi anuales de decenas de miles de millones de dólares (incluso buscando valoraciones absurdas que rozan los $800,000 millones).
Sin embargo, si los inversionistas empiezan a exigir un retorno real de inversión (ROI) en lugar de promesas de «Superinteligencia» (AGI), el grifo del dinero podría cerrarse, empujando a la empresa a una reestructuración por bancarrota.
Si OpenAI no logra salir a la bolsa (IPO) para capitalizarse de forma masiva, la opción más lógica y rumorada en Wall Street no es el cierre total, sino una venta forzada o absorción y hay que considerar que Microsoft ya ha invertido decenas de miles de millones en la empresa y tiene sus sistemas de nube (Azure) completamente fusionados con la tecnología de OpenAI.
Si OpenAI se queda sin dinero para pagar los servidores de Microsoft, esta última podría simplemente ejecutar sus garantías, absorber la propiedad intelectual, contratar formalmente al talento y quedarse con la empresa.
La compañía está atrapada en una carrera contra el tiempo. Necesita que sus herramientas de software generen ingresos descomunales (o que su «anti-iPhone» sea un éxito sin precedentes) antes de que la realidad matemática de sus pérdidas termine por devorarla.
Y ahora, con la demanda gigantesca interpuesta por Apple, el escenario es aún tan oscuro que las respuestas ni siquiera las podría dar Chat GPT.







