Mario Romero.- A primera vista, la cifra marea, pero seamos realistas, pues para un gigante como Samsung, este movimiento representa apenas el 0,019% de sus acciones emitidas…. es decir, lo que sobró de una propina, para una empresa de un valor de billones de dólares.
Tenga en cuenta que el conglomerado Completo (Samsung Group, si sumamos todas las demás empresas del grupo que cotizan en bolsa (Samsung C&T, Samsung SDI, Samsung Biologics, Samsung Heavy Industries, etc.), el valor total del conglomerado roza los US$1.4 billones.

Esto representa casi una cuarta parte de todo el producto interno bruto (PIB) de Corea del Sur y 260 mil empleados en más de 70 países.
Lo verdaderamente interesante aquí es el truco detrás del reparto, pues en lugar de salir al mercado abierto o hacer movimientos fuera de hora, Samsung tomó el camino más directo y sacó las acciones de su propia autocartera y las depositó directo en las cuentas de los empleados.

Por meses algunos de los sindicatos del conglomerado han salido a las calles para luchar por sus derechos
Con la intermediación de Samsung Securities, Shinhan y KB Securities, el mercado bursátil ni se enteró. Todo quedó en casa, usando parte de las más de 82 millones de acciones que la firma guardaba bajo llave.
Dos caminos, una misma empresa y es aquí es donde la historia se pone crítica, pues mientras la División DX (móviles, TVs y electrodomésticos) recibía este «regalo» sin hacer ruido, la tensión escalaba en otra oficina.
Más de 40.000 trabajadores de la división de semiconductores tuvieron que movilizarse y exigir exactamente lo mismo: una tajada de las ganancias récord.

Dos realidades opuestas bajo el mismo techo corporativo. Aunque son divisiones y acuerdos distintos, la coincidencia deja un sabor amargo sobre cómo se gestiona el éxito internamente. El negocio que salvó los papeles que los empleados de los Galaxy y las pantallas sean los premiados no es coincidencia.
Ellos aguantaron el barco y sostuvieron los ingresos mientras los chips sufrían vaivenes. Ahora, tras un segundo trimestre con beneficios operativos históricos que posicionaron a Samsung por encima de titanes como NVIDIA y Apple, la empresa decide «facturar» este gesto.
Al final del día, esto no cambiará drásticamente la vida financiera de ningún empleado, sin embargo, como radiografía corporativa, demuestra cómo una multinacional que bate récords prefiere repartir el éxito en silencio y de forma selectiva.






